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Madrid, Estado español :: 07/04/2026

A vueltas con los indultos

Movimiento Antirrepresivo De Madrid
Las salidas individuales parecen seguir siendo predominantes entre las personas represaliadas por motivos políticos.

A vueltas con los indultos

Las salidas individuales parecen seguir siendo predominantes entre las personas represaliadas por motivos políticos. Los últimos ejemplos los hemos visto además en dos de los casos represivos más mediáticos y sonados de los últimos tiempos: los conocidos como 6 de Zaragoza y las 6 de La Suiza. Para quien no lo sepa, y muy resumidamente, los primeros fueron encarcelados a raíz de unos disturbios en una manifestación antifascista contra Vox; la propia sentencia del Tribunal Supremo declara probado que juntamente con otros perpetró él mismo, amparándose en el grupo, conductas típicas con la finalidad de alterar gravemente la paz pública, acometer a los agentes que, en el ejercicio de sus funciones, procuraban la protección del bien jurídico y mediante el lanzamiento de objetos y adoquines causar lesiones de distinta entidad y daños en vehículos y elementos del mobiliario urbano. Es decir, que no pudiendo probar la autoría directa de los 6 acusados en el ``lanzamiento de piedras´´, les condena por estar en la manifestación (antifascista) desde la que se lanzaron; con este antecedente, cualquiera que vayamos a una manifestación antifascista o popular en la que haya algún tipo de altercado, somos susceptibles de ser condenados y encarcelados sin que el Estado tenga que echar mano de sus famosos montajes policiales, herramienta con la que venía haciendo esto mismo contra centenares de activistas desde hace décadas; ahora ya no necesitan ni el disimulo ni la careta. Por su parte, las 6 sindicalistas de CNT Xixón condenadas por el caso de La Suiza lo fueron por participar en simples piquetes informativos con panfletos y una pancarta frente al establecimiento donde se había producido el conflicto laboral (originado por un supuesto caso de acoso sexual del jefe a una empleada), movilizaciones todas ellas llevadas a cabo siguiendo los cauces legales marcados, con los debidos permisos y sin que se registrase ningún altercado; además, el otro delito que se les imputa, de obstrucción a la justicia, viene de la negociación con la empresa, durante la cual la CNT ofreció retirar las demandas cruzadas (cosa totalmente habitual en estos procedimientos). Por lo tanto, una vez más, se asienta una peligrosa jurisprudencia mediante la cual, a partir de ahora, cualquiera que participe en una acción de protesta frente a una empresa o entidad (aunque se haga de manera legal y totalmente pacífica), o en una negociación con una empresa en la que haya denuncias cruzadas, corre también el mismo riesgo de dar con sus huesos en la cárcel. Como dijo el abogado de la empresa, el exjuez de la Audiencia Nacional Gómez Bermúdez, tras conocer la sentencia, a partir de ahora se pensarán muy bien qué piden y cómo lo piden. Todo un aviso a navegantes.

Ambos han basado su estrategia ante la cárcel en campañas pidiendo los indultos (que han sido concedidos por el gobierno), entrando por su propio pie en prisión, aceptando terceros grados que implican lo que los carceleros entienden por ``buen comportamiento´´ y volver cada día motu proprio a esa cárcel a la que nunca deberían haber entrado. Hemos escrito numerosos artículos y tratado en infinidad de charlas por qué creemos que, ante un problema político y colectivo como la represión, aunque se focalice de manera individual, tenemos que intentar buscar siempre una respuesta política y colectiva, que no es otra que luchar por la amnistía total. Por el contrario, las salidas individuales (pactos con fiscalía, arrepentimientos, indultos, tratamientos penitenciarios o terceros grados…), sí, consiguen de manera aparente que una persona (o un grupo concreto) salga de prisión. Pero siempre con las manos atadas: estos procesos implican reconocer el ``delito cometido´´ y asumir el compromiso de no ``reincidir´´. Es decir, no podrán, en estos casos, volver a manifestaciones, piquetes, protestas… Y es que, en la lucha por nuestras libertades, no hay atajos que valgan.

Pero hay más. Al asumir la justeza de la condena, legitimamos la represión y la fortalecemos de cara al resto de luchas, tanto las presentes como las futuras. Y es aquí donde estos dos casos se revelan terriblemente ejemplarizantes. Al haber sellado las respectivas sentencias con sus propias firmas pidiendo el indulto, las mismas 12 personas encausadas que venían alertando de los peligrosos precedentes que suponían… ¡¡están cimentando esa misma jurisprudencia con la que nos condenarán al resto!! Y no solamente eso, los efectos sobre el conjunto de la lucha se dejan sentir desde el primer día: tras la entrada en prisión de las 6 de La Suiza, la CNT dio la directriz de que las movilizaciones que se organizaron en todo el Estado en repulsa fueran tranquilas y pacíficas, que no molestaran demasiado al Estado, que al fin y al cabo tenía que dirimir todavía la medida de gracia solicitada.

La lucha contra la represión debe conseguir que esta sea un arma de doble filo para el Estado que intenta amedrentarnos. Que por cada militante o activista que se lleven, salgamos diez mil más. Que le acabe saliendo tan cara la represión que no le quede más remedio que devolvernos a quien se hayan llevado tras sus barrotes y que se lo piensen dos veces mejor antes de venir a por más. Ejemplos hay: Cándido y Morala, por ejemplo, sindicalistas de la misma ciudad que las de La Suiza condenados por el mismo juez, fueron liberados tras solo 3 semanas gracias a la tremenda lucha popular tras su encarcelamiento. En aquella ocasión también salieron con un indulto del gobierno, solo que ellos no lo habían pedido, sino que se lo otorgó el Estado, acorralado por las protestas, sin que ellos renunciaran a nada (obviamente, si nos abren las puertas de la cárcel, lo suyo es salir). Si nuestra respuesta ante su represión es amedrentarnos y agachar la cabeza, esta cumple su función y el Estado se crece. Cada centímetro que retrocedamos ante tan poderoso enemigo costará el doble recuperarlo.

Entendemos que cuando nos vemos cara a cara con la represión, especialmente con su lado más duro, es muy difícil afrontarla y se entremezclan un montón de cuestiones personales y particulares que son muy difíciles de obviar. Por eso no condenamos a nadie por su forma de actuar ante esta tesitura. Pero al entender la represión como una cuestión política, creemos que, al igual que el resto de actos y prácticas políticas, es perfectamente criticable cuando así se considere. Y lo que, desde luego, es todavía más opinable, es qué hacemos con dichas acciones. No podemos tolerar, por ejemplo, que desde los grupos de apoyo a las 12 personas represaliadas en estos dos casos se proclamaran la concesión de estos indultos como una ``victoria´´, básicamente porque son todo lo contrario: una rendición personal, la desmovilización y ceder al chantaje del Estado.

En definitiva, queremos hacer un llamamiento a la reflexión a todas las personas militantes, colectivos y organizaciones. La lucha por los derechos y libertades que nos niegan, por unas condiciones de trabajo y de vida dignas, nos puede poner en cualquier momento ante la represión, sin importar nuestro ámbito de lucha, nuestros métodos ni nuestra ideología. Debemos prepararnos por si nos llega el turno para tratar de resistir con la mayor entereza posible y devolverle todas las embestidas al Régimen multiplicadas, fortaleciendo y no debilitando las luchas ni el conjunto del movimiento.

 

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