Vivienda digna: La litrona que voló contra el Casino de Madrid

En el balcón pequeño de la primera planta, donde tienen el mástil para la bandera, había un grupillo de tres o cuatro treintañeros con sus trajes azul marino y sus corbatas relucientes. Fumaban unos puros hermosos, se reían y le dedicaban a la multitud gestos como de un alcalde de pueblo en el franquismo.
Luego se animaron. Uno tiraba ceniza a la gente que pasaba bajo el balcón ostentosamente. Otro hizo con su mano un tubo, se lo puso a la altura de la boca y empezó a simular una mamada.
De repente, desde dentro de la multitud que bailaba y gritaba allá abajo, salió despedida una botella a toda velocidad, subiendo en parábola perfecta, girando sobre si misma, dirigida a los amiguetes del balcón.
La litrona casi los peina, pero al final pasó justo por encima y dio contra el cristal que tenían a su espalda. Ellos se agacharon un poco por instinto. Se miraron un segundo sin saber que hacer y se metieron para adentro, apresurados, cerrando la ventana.
En el balcón grande de al lado, otros invitados a la boda, incluidos algunos niños, siguieron bailando al son de nuestros tambores. No sé si no vieron volar la botella o si les dio igual. Al poco, un par de chicas ya veinteañeras salieron del Casino con sus trajes largos y se metieron de lleno en la manifestación, no sé si para unirse o a sacarle fotos. Luego los camareros desalojaron el balcón grande y cerraron todas las ventanas.
Sentí fuerza y me gustó. Y estoy dándole vueltas.
IMC Madrid







