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Madrid :: 17/07/2006

Pensar global actuar local. Degradación de la calidad de vida en el centro de Madrid y reivindicaciones vecinales

Alicia Couselo
Hace unas semanas el barrio Universidad de la zona centro, que incluye a Malasaña, se vio conmovido por el apuñalamiento de una joven ucraniana en la Plaza de Santa María Soledad Torres Acosta, más conocida como la plaza de los cines Luna.

Justamente el día anterior una asociación de vecinos ( www.espaciovecinal.org ) había hecho llegar a los medios un video casero en el que se podían ver las actividades de los habitantes de la plaza, con sus riñas, el trapicheo de droga, la prostitución callejera y los mendigos sin techo. Una plaza emblemática que refleja en sus pocos metros cuadrados la marginación que sufre un buen número de personas y la dejadez de las administraciones "democráticamente elegidas".

En efecto, esta plaza es desde hace muchos años, el lugar donde pasan la noche sobre cartones y colchones viejos una serie de personas sin hogar, inmigrantes y nativos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Muchos son enfermos mentales, otros alcohólicos o consumidores de drogas varias, otros expulsados del sistema sin más, antiguos trabajadores que perdieron sus trabajos y sus familias y no tienen vivienda. A un par de bloques de la plaza nos encontramos con un comedor de caridad, perteneciente a una hermandad católica, que da 60 platos de comida caliente a los primeros asistentes y reparte entre el resto bocadillos y una fruta. Esta hermandad no permite el acceso de los comensales al edificio hasta la hora en que se sirve la comida, sobre las 7 de la tarde, por lo que la gente se empieza a juntar a lo largo de la Corredera Baja desde temprano, y ahí se quedan esperando, mendigando, bebiendo, pinchándose, conversando, enzarzándose en alguna gresca y dejándolo todo perdido.

Frente a los cines Luna, un enorme edificio hoy desocupado, jóvenes muchachas hacen la calle. La zona, con dos comisarías en la calle de la Ballesta y en la misma calle Luna, tiene unas cuantas pensiones, saunas y puti-clubs donde las prostitutas prestan sus servicios.

Esta situación es molesta por diferentes causas. Para empezar, los comerciantes sienten que la presencia de "asociales" espanta a presuntos clientes. Además, la zona centro es especialmente sucia ya que no hay servicios públicos, los bares no permiten el acceso libre a sus aseos y la costumbre tan arraigada de los hombres españoles de mear donde les apetece hace que muchos sitios del barrio apesten. El panorama de la plaza es especialmente desolador. No es agradable ver cara a cara a hombres y mujeres tan degradados y más de uno nos preguntamos si no seremos nosotros los próximos en ocupar su lugar.

El caso es que la población del barrio es gente trabajadora de toda la vida, pequeños comerciantes, profesionales liberales, muchos ancianos y también niños. Gente que ya no es la del 36, con las necesidades básicas más que cubiertas y con ideología pequeño burguesa, conservadora o socialdemócrata. Esta gente siente que "su" barrio está okupado por "indeseables" y quisiera que "las autoridades competentes" hicieran algo más que obras faraónicas y se ocuparan de que la vida en el barrio sea "normal" entendiendo por esto que las miserias de la sociedad no estén a la vista.

Los "micro" problemas de este barrio son el reflejo de los "macro" problemas de la sociedad. Los sin techo y los delincuentes de poca monta no son otra cosa que los excluidos del sistema del bienestar capitalista, los que no pueden consumir en las grandes avenidas comerciales por las que se arrastran, es decir, los que no sirven para nada porque no tienen trabajo ni dinero y nunca lo tendrán. Otros son viejos y están enfermos y eso hoy en día es casi un pecado mortal. La prostitución, actualmente desempeñada por mujeres jóvenes extranjeras sin papeles, es producto del aumento de la miseria en los países empobrecidos, que gracias al inestimable trabajo de "nuestras" empresas multinacionales, está destruyendo sin prisa y sin pausa cualquier posibilidad de salida económica. La feminización de la pobreza[1] las obliga a venir a nuestros países ricos dejando atrás a sus familias de las que muchas veces son el único sustento. Por otra parte, España es un país con 3 millones de hombres dispuestos a comprar sexo y con una economía sumergida que representa el 30% del PIB, es decir, un próspero mercado para la industria del sexo y el trabajo basura.

En principio, hay muchas cosas que se podrían hacer para facilitar la convivencia pero para eso hace falta, además de inversión, un cambio radical ideológico y político. Pretender política social en un momento en que reina la desregulación y la privatización de los servicios públicos es casi revolucionario. Si no hay una política de vivienda protegida y subvencionada para los jóvenes universitarios mileuristas, mucho menos la habrá para los más pobres. Para ellos, la sociedad de la abundancia ofrece albergues, sobresaturados, temporales, con horarios restrictivos y sin personal suficiente que son rechazados por los indigentes en ejercicio de su dignidad y una libertad condicionada.

La venta y consumo de drogas también necesita compromiso e inversión pública, pero es imposible de abordar cuando la ideología dominante defiende el libre movimiento de capitales y el blanqueo de dinero del narcotráfico es uno de los negocios más rentables.

El caso es que España es un país rico y en Madrid hay mucho dinero. ¿Serán capaces los vecinos del centro de Madrid de conseguir que sus representantes cambien su política neoliberal? Porque esto es lo único que hoy y ahora podría contribuir a que la vida sea más llevadera. Pero esto "único", estas medidas reformistas que piden los vecinos, perfectamente asumibles por una ciudad como Madrid, hoy son radicales.

Exigir una política seria y comprometida, que no escatime fondos, para atender las necesidades de los sin techo y de los enfermos o conseguir que se dote al barrio de instalaciones deportivas y lugares de ocio para jóvenes y mayores, escrupulosamente mantenidas en cuanto a limpieza, acceso a servicios públicos limpios y gratuitos, abiertos las 24 horas del día los 365 días del año, son hoy objetivos utópicos. Pretender que los políticos intenten resolver seriamente los problemas que genera la prostitución, negociando con las prostitutas sus propias propuestas ( www.colectivohetaira.org ) es también muy radical.

No parece que los vecinos tengan esto muy claro, entre otras cosas porque se manejan con el sentido común y creen en la democracia representativa. ¿Es de verdad imposible conseguir algunas mejoras aquí y ahora? ¿O habrá que esperar a que caiga el sistema capitalista patriarcal? Es muy fuerte pensar que es necesaria una revolución para conseguir cuatro cosas de las que suelen estar en las campañas electorales, pero la cuestión radica en que esas "cuatro cosas" cuestionan la base de sustentación de la ideología dominante.

Parece imprescindible que si se quieren conseguir las reivindicaciones los vecinos deberán asumir una tarea militante. ¿Es esto factible y realista? ¿Serán suficientes las manifestaciones, comunicados, las amenazas del cambio de voto en las elecciones y el trabajo de las asociaciones de vecinos? ¿Tienen los vecinos el suficiente convencimiento y la rabia necesaria para acometer esta tarea?

No será con más policía, nuevas remodelaciones de las plazas o campañas propagandísticas que se resolverán los problemas. Tampoco sin lucha organizada. La política de destrucción del estado de bienestar, de priorizar el enriquecimiento de empresarios y políticos a costa de la calidad de vida de trabajadoras y trabajadores, niños y jubilados es una dura realidad. No será fácil. Habrá que ver cuánta presión están dispuestos a hacer los vecinos y hasta donde están dispuestos a llegar, uniéndose y organizándose para, tal vez, conseguir unas reivindicaciones absolutamente legítimas.

Notas:

1. Este concepto alude al predominio creciente de la mujer entre la población empobrecida, de la que 70% de los pobres del mundo son mujeres y niñas.

 

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