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Madrid :: 04/01/2008

Los usuarios, la militancia y la huelga de los trabajadores de limpieza de Metro

Alicia Couselo
Hoy por mi, mañana por ti. Otro mundo es posible.

La huelga de los trabajadores de la limpieza del metro ya lleva casi veinte días. Los “usuarios” seguimos yendo y viniendo de nuestros trabajos basura rodeados de suciedad y decimos ¡Qué sucio! ¿Nadie hace nada? ¿Y hasta cuando vamos a seguir así?

El metro de Madrid transporta diariamente unos dos millones de personas. “Usuarios” que mayoritariamente son trabajadores precarios, oficinistas, estudiantes, maestros, cuyos salarios no superan los 1.000 euros brutos al mes, que es lo que cobran en el Estado español el 58% de las personas.

Mientras los trabajadores de la limpieza hacen huelga, los militantes de los “movimientos sociales” de distinto pelaje seguimos usando el metro para ir a algún centro social, a la presentación de algún libro sobre la pobreza o a alguna mesa redonda en la universidad con sesudos especialistas sobre los pueblos originarios del Amazonas.

Las mujeres, la mitad de la población, también usamos el metro y ante tal desastre, llegamos a casa y la dejamos como una patena, eso si, gratuitamente a cambio de una palmadita en la espalda. Porque la limpieza es para todas nosotras un trabajo no remunerado a jornada completa, y para muchas, como las trabajadoras del metro, es una segunda jornada.

También los inmigrantes, con o sin papeles, tienen el metro como principal medio de transporte. Trabajadores a los que la privatización de los servicios públicos y las guerras en sus países de origen ha expulsado a Europa, para ellos el único lugar de la tierra donde todavía se puede conseguir un plato de comida caliente.

Porque esto y poco más es lo que los patrones en España y en el mundo entero, están dispuestos a ofrecer. Mano de obra barata para que las empresas engorden sus cuentas corrientes y que hasta ahora les ha funcionado. Hasta ahora….porque los trabajadores de la limpieza del metro han dicho ¡basta! y han echado a andar.

El desencadenante de la huelga de metro han sido las últimas adjudicaciones que se hicieron a principios de 2007, para limpiar trenes, dependencias y depósitos. En las nuevas contratas se mezclaron condiciones laborales y salariales muy por debajo de las existentes. El salario medio total neto a veces ni alcanza a los 800 euros por 8 horas diarias. Si se trabaja en festivos, se paga un plus de 20 euros. La diferencia entre las nuevas contratas y las antiguas puede estar entre 300 y 400 euros como, por ejemplo, los trabajadores de la línea 7. (Véase entrevista de Radio Klara a Francisco Javier Palacios, de CGT).

Nada de esto dice la prensa “seria”. Concretamente anoche Telemadrid dijo sin despeinarse que a la manifestación de Atocha-Tirso habían asistido unas 200 personas. A continuación se dedicaron a pasar cinco grabaciones de las cámaras del metro (en ocasiones de dudoso origen) con encapuchados tirando basura y haciendo resbalar a una pobre ancianita. Según ellos, ya han identificados a 22 trabajadores de limpieza entre los “vándalos”. A continuación les encontrarán cócteles molotov e ikurriñas en sus casas y con eso y un bizcocho… el montaje policial está servido.

La patronal ya lleva demasiado tiempo acostumbrada a que nadie le para los pies y mucho menos espera que se la enfrente desde el sector más débil, más puteado, más precario, de toda la sociedad. ¿Cómo van a hacer huelga los trabajadores de la limpieza si el mundo está lleno de trabajadores no cualificados que darían la vida por un puesto de trabajo basura como éste?

La lucha de los trabajadores del metro es la lucha de todos. Obreros, estudiantes, inmigrantes, mujeres, maestros, conductores de autobús, repartidores de pizzas, dependientas, enfermeras, ancianitas, jubilados. Es la lucha por la dignidad, por la vida, por los derechos colectivos.

La lucha por otro mundo posible, contra la pobreza, por los pueblos originarios, y por los miles de causas legítimas, hoy en Madrid pasa por trabajar activamente en apoyo a esta lucha. Consigamos la solidaridad de los usuarios. Expliquemos a cada persona que usa el metro lo que está pasando. No dejemos que los tertulianos nos calienten la cabeza con mentiras. Digamos alto y claro que esta lucha trata ni más ni menos de tener unas condiciones mínimamente dignas para todos y que detrás de los trabajadores del metro estamos los demás. Militantes del mundo, uníos y pongamos manos a la obra.

 

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