La juventud antifacista, un ejemplo para tod@s
La concentración realizada el sábado pasado en Sol, convocada por cientos de jóvenes antifascistas, ha sido ejemplar. Una muestra de conciencia social y valentía política para ?las masas? votantes del PP o el PsoE, que generalmente se enteran de lo que pasa en el mundo por lo que cuentan TVE y los periódicos gratuitos.
La campaña impulsada por Tele Facha y asociados no ha podido ser más terrorífica. Los tertulianos de los partidos institucionales invadieron nuestras casas para inyectar en la sociedad la idea de que los jóvenes como Carlos Palomino se oponen al sistema porque son esencialmente violentos y lumpen, pertenecen a bandas de delincuentes y asociales y son vagos por naturaleza (Carlos había abandonado recientemente los estudios). Este discurso se ha estado transmitiendo en la crítica a la ropa, el corte de pelo o los pendientes que viste la juventud, y se ha rematado diciendo cosas como que los jóvenes antisistema están influenciados por ETA... Un discurso insoportablemente frívolo y peligroso, que “las masas” consumen sin cuestionar, y que se utiliza para legitimar la violencia del estado y de los fascistas que ocupan puestos en todos los espacios del poder. Un poder que utiliza, según interese, a las fuerzas de seguridad o a los descerebrados que, como el soldado que mató a Carlos, les hacen el trabajo sucio.
El dispositivo montado en los alrededores de la Puerta del Sol era verdaderamente intimidatorio. El turista distraído que pasó por ahí a las cinco de la tarde, habrá tenido que pellizcarse. ¿Dónde estoy? ¿Irak, Afganistán? ¿Qué hacen todos estos policías cacheando a todo el que tiene una mochila? ¿El enemigo principal del “estado de derecho” es la juventud?
Porque ser joven y estar en Sol el sábado pasado, estaba prohibido. Ya lo dice la constitución española: prohibido estar en grupos de más de 20 personas sin autorización. Sin embargo, sin prisa y sin pausa, la plaza se fue llenando y los jóvenes sacaron sus carteles de denuncia y corearon las consignas que todos queríamos oir: “Carlos, hemano, nosotros no olvidamos” y “Vosotros, fascistas, sois los terroristas”.
El golpe bajo que ha sido el asesinato de Carlos, un joven bueno y lleno de vida, no se va a olvidar fácilmente. Son demasiados los jóvenes que, como él, forman parte del mercado de trabajo basura desde donde aportan a la exigua economía de hogares, donde cada vez más la cabeza de familia es una mujer sola. Un típico ejemplo de la “clase obrera” globalizada, cuyos jóvenes más concienciados, están buscando un camino en los distintos colectivos autónomos y desconfían de los que pretenden encorsetar sus sentimientos, contradicciones y formas de lucha a un modelo solamente existente en los libros.
Todos los que estamos en la búsqueda de otro mundo posible tenemos una oportunidad de oro para acompañar en esta lucha al movimiento antifascista y ser capaces, si las tenemos, de proponer alternativas de resistencia viables, siendo enfurecidamente respetuosos hacia la autonomía que los jóvenes han demostrado tener. Flaco favor le haremos a la juventud que hoy llora de rabia por la muerte de un compañero, si pretendemos tutelar la lucha que está impulsando. Y flaco favor le haremos si simplemente nos quedamos de “mirones” y dejamos el protagonismo a los sectores que se expresan y actúan de forma políticamente correcta, pero que solamente les interesa un puesto en las instituciones y no ofrecen ninguna alternativa real a este sistema que decimos querer transformar.
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