Crónica de la concentración en defensa de la libertad de expresión y quema de un naipe del "Rey de copas"
En mitad de una fuerte presencia policial, un centenar de ciudadanos se dieron cita en la madrileña plaza del rey, para reivindicar en tono festivo la libertad de expresión y la defensa de los valores Republicanos. Frente a ellos se congregó un grupúsculo de fascistas de toda índole, incluyendo algunos que debían ser falangistas, a juzgar por sus insultos al heredero de Franco.
Fieles a la convocatoria y a pesar del impresionante y muy desproporcionado despliegue policial, los republicanos fueron confluyendo hacia las 21:00 horas de hoy, viernes, 5 de octubre, agrupándose en la parte más elevada de la plaza del rey, frente al edificio del Ministerio de Cultura.
Hacia las 21:45 horas, momento en el que se alcanzó el apogeo de asistentes, empezó el acto propiamente dicho, así, a pesar de que nadie convocaba y nadie dirigía, con la misma espontaneidad con la que se propagó el encuentro, un ciudadano, poeta, tomó papel y empezó la declamación de unos bellos versos, que hablaban de respeto a la cultura, del valor de los libros y del dolor de su pérdida. En pocos segundos se hizo el silencio, y todos los asistentes hicieron un corro alrededor del poeta, para escuchar con atención. No había duda: esos eran los republicanos.
A lo lejos, no dejaban de escucharse los bramidos de la quincena de violentos, que se mantenían a una distancia prudente, mitad por la diferencia en número, mitad por la acción de la policía, que complementó su función de salvaguarda preventiva del prestigio del monarca, por la de “fuerzas de interposición en misión de paz”.
Concluida la lectura del poema, alguien prendió fuego a una imagen del rey, pero no se trataba del actual jefe de Estado, sino de una fotocopia ampliada de un naipe correspondiente al rey de copas. Entonces, de un modo inopinado, fueron pasando más y más ciudadanos, y cada uno de ellos procedió a quemar diferentes motivos antidemócratas: una foto de Elvis “el rey”, un sapo coronado –de cuento–, un rey Midas… por arder, ardió incluso una estampa del rey león, de la factoría Disney.
El ambiente era relajado y festivo, los asistentes combinaron los vivas a la República, con voces de alabanza al buen humor. En ningún momento ardió ni una sola foto del cómplice y sucesor de Franco, y todo ello, bajo la atenta mirada del más de un centenar de números del Cuerpo Nacional de Policía, adscritos a la Unidad de Intervención Policial –los antidisturbios, para entendernos–.
Una de las anécdotas más graciosas del evento, fue la ocasión para presenciar a Jorge Verstrynge, de polémico pasado pero brillante madurez, quemando una corona de cartón, de las que te dan con el menú infantil en los establecimientos de una conocida red de franquicias de comida basura. Hubo un momento en el que uno de los asistentes llegó a preguntarle “Profesor, ¿es posible que dentro de 20 años nos encontremos a Aznar quemando fotos del rey?”.
Otro hecho significativo fue la estridente presencia de tres personas infiltradas: uno y dos (iban por separado). El que iba solo, era alto, feo –muy, muy feo, mal rasgo para un espía–, llevaba una chaqueta de estilo militar y un pañuelo palestino al cuello. Estuvo todo el tiempo sacando fotografías de las caras de los asistentes, sin apenas disimulo. A diferencia de los otros dos infiltrados, al término de la concentración, este sujeto se dirigió hacia donde se encontraban los policías y se perdió entre ellos. Como a los otros, nadie les había visto antes.
Por su parte, los otros dos eran de complexión gruesa, no muy altos, lucían sendas patillas largas –estilo señorito quintacolumnista–, y estuvieron todo el tiempo tratando de proyectar una imagen que los periodistas pudieran utilizar para desprestigiar el evento: corearon el “Eusko Gudariak” –dando pruebas de no tener ni idea siquiera de lo que significaban esa correlación de sílabas que les habían obligado a memorizar–, cantaron también “Els Segadors” –en un catalán que provenía de las tierras del sur, o era tan artificial como su euskara, o eran los hijos del president Montilla–. También cantaron “La Internacional” –pero en castellano, el ruso ya habría sido excesivo–, y puestos a cantar, llegaron a versionar el “Que viva España” de Manolo Escobar, trocando los vivas por insultos, suponemos que con la idea de proyectar la impresión de que los republicanos somos todos rojos, separatistas y antiespañoles, todo un tópico. Lo cierto es que su burda treta resultó penosa, por no hablar de la puesta en escena: sobreactuada y grotesca, daba vergüenza ajena verles, esos no habían estado en una manifestación obrera en su vida. Además llegaron tarde, y cuando empezaron a hacer “su trabajo” la mayoría de reporteros gráficos ya se había ido, con lo que no pudieron cumplir su objetivo de distorsionar ni la entidad del acto, ni su carácter cívico.
Y hablando de civismo, al término del mismo, hubo tres chicas que se dedicaron a recoger los restos de papeles quemados, los depositaron en un cajón junto con otras cenizas y algún otro desperdicio, y tras verificar que no había nada que pudiera arder, lo depositaron junto a un contenedor de basura. Todo un ejemplo.
Tercera Información / Kaos en la Red







