lahaine.org
Madrid :: 29/01/2008

Babilonia entona su canción

Colectivo La Felguera
El pasado sábado 26 de enero La Felguera acudimos a la manifestación celebrada en la Cañada Real Galiana en protesta por los desalojos y por unas condiciones de vida dignas para sus habitantes. Durante el acto, repartimos el panfleto "Babilonia entona su canción" entre más de un centenar de personas.

En estos momentos, cerca de 40.000 personas viven a lo largo de una superficie extensísima y, en la mayoría de casos, funcionan y viven de forma autónoma, sin que medie ningún tipo de infraestructura estatal en la zona. Necesitan ayuda para mantener el pulso emprendido por el Ayuntamiento y la pasma. Durante los disturbios de octubre pasado, un chaval árabe perdió un ojo y una mujer abortó. En estos momentos, las reuniones están celebrándose los miércoles en las asociaciones de vecinos. No están en ningún mapa, ninguna cartografía recoge estos asentamientos y en su lucha se concentran todos y cada unos de los males de la vida moderna y la brutalización del modo de vida espectacular. ¡Hacemos un llamamiento a todos los sectores sociales a apoyar a los vecinos!

Babilonia entona su canción:

Hoy sopla un nauseabundo hedor a huevos podridos. Un olor que proviene de una ciudad que, en contra de todo pronóstico, aún hoy no ha sido vencida, ni sus moradores doblegados, frente a los planes de brutalización de la vida emprendidos por el Ayuntamiento. Lejos de lo que pudo preveer, los destinatarios del lujo no encuentran tranquilidad en los asentamientos fríos y rutinarios que se reproducen cerca de Madrid, vigilados por circuitos cerrados de cámaras de seguridad y rodeados de centros comerciales y parques vacíos. La guerra, ahora, es contra el otro, el venido de fuera, el extraño y contra los que estuvieron aquí antes y aquellos que los precedieron. Pero el monstruo, cuanto más grande y complejo se ha hecho, más debilitado se ha mostrado.

Expulsados de toda posibilidad de existencia en el mundo real (realidad como simulación o fraude, o como construcción ideológica del Poder), es decir, de la propia Historia, cuando los vecinos de Cañada Real resisten a una violencia que amenaza con destruirlos, entran entonces de forma abrupta y por la puerta grande en el plató televisivo. De este modo, los hechos son caricaturizados y la única noticia es aquella que, en su gesto más extremo, desafía esta lógica: la violencia. De pronto, se introduce una novedad (¡los pobres se defienden!) y, sin tratar de entender las imágenes, éstas se suman unas a otras. Sin comunicación posible, tan sólo una información supeditada a mantener la atención y, por supuesto, la audiencia. Nada nuevo.

Cañada Real no es el epicentro de los planes urbanísticos de expansión en la ciudad de Madrid, -cuyas consecuencias pueden verse repartidas por toda la geografía de la Comunidad-, pero el problema es que son pobres y han osado pulsar teclas para ellos prohibidas. Se han hecho visibles y crecen. Llegan hasta el centro. El caso de Cañada Real comporta una práctica tan pedagógica como iluminadora porque, en último término, lo que aquí suceda -y la manera en que se resuelva la lucha-puede que sea lo que acontezca en un futuro inminente en asentamientos y poblaciones “molestas” para el Poder. Y lo mismo con las formas en que los afectados se organicen y respondan. Lo que aquí esta sucediendo es un ejemplo más de las contradicciones de un sistema voraz y de la forma capitalista de producción del espacio. Nuevamente, la “periferia” es sinónimo de lucha y perspectiva, mientras el “centro” (ese “centro” que posee la fuerza y, también, la “lógica”) niega el realojo argumentando que las precarias casas no pueden considerarse como viviendas. Este combate debe, por lo menos, resistir a Goliat y para ello necesita amplios apoyos sociales que renuncien a dirigir nada sino a empujar la resistencia en la zona.

En este sentido, el eterno y cansino eslogan izquierdista que predica “organizar el descontento” es hoy en la Cañada Real una fanfarronería propia de activistas voyeurs y de un estrabismo torpe y autoritario. Por ahora, debemos tratar de aprender de esos vecinos y pobladores del suburbio que ya muestran signos claros de una notable organización y sumergirnos a pleno pulmón en el tipo de discurso y modos de expresión que están aplicando. Ninguna época ha sido juzgada por la conciencia de sus protagonistas, sino por aquello que estos hicieron. Se trata de “descender” de la retórica y comprender la belleza del gesto solidario que hizo que, en menos de 24 horas, se reconstruyese alguna de las casas derribadas. Con tal práctica resistente se crean –aunque, evidentemente, a modo de ilusión temporal- una idea de inexistencia de capacidad coercitiva por parte de la Administración a la hora de imponer sus planes.

Si el Poder entra en Cañada Real será recibido con hostilidad por sus vecinos, quienes muestran sus canales de comunicación; unos canales que, hoy por hoy, no son títeres del Ayuntamiento. Y este es uno de los problemas. Sin mediadores a sueldo, el Ayuntamiento exhibe su incapacidad por “entenderse” con sus vecinos. Su primer paso ha sido un fracaso, y la expulsión de la pasma en los hechos acaecidos en el mes de octubre así lo ha demostrado. La compulsión por la fuerza debilita su legitimidad y su discurso y, por lo tanto, éste es reforzado por medio de una pedorreta pretendidamente humanitaria y ecológica (un paraje protegido, problemas de seguridad ciudadana, etc) que tampoco, a día de hoy, se ha impuesto. Aislar y criminalizar a los pobladores de Cañada Real para finalmente destruirlos por la fuerza, este es el objetivo. Vecinos, asociaciones y grupos deben resistir el intento de destruir la resistencia y unidad en un pulso de fuerza que acaba tan sólo de empezar.

El espacio y la ciudad serán obra de sus propios habitantes o no será


publicado en klinamen.org

 

Contactar con La Haine

 

La Haine - Proyecto de desobediencia informativa, acción directa y revolución social

::  [ Acerca de La Haine ]    [ Nota legal ]    Creative Commons License ::

Principal