¿Cuánto cuesta la residencia de Shakira? (o cómo externalizar costes logísticos y ambientales)
El modelo de las residencias musicales no elimina la huella de carbono de las giras, sino que se la traspasa a los fans, que deberán hacer más kilómetros y quemar más gasolina para asistir
De las históricas giras mundiales, con decenas de tráilers cruzando continentes y un séquito de miles de fans, a múltiples conciertos en una única ciudad. No es la primera, pero Shakira –condenada en 2023 por haber defraudado 14,5 millones de euros a Hacienda entre 2012 y 2014– es el último y más ambicioso ejemplo de esta tendencia dentro de la industria musical: entre septiembre y octubre de 2026, la artista colombiana levantará un estadio con su nombre en Madrid para ofrecer 11 conciertos exclusivos en Europa. Lo llaman residencia, y en la práctica supone trasladar los costes logísticos (y ambientales) del artista a la persona que quiere asistir.
Uno de los argumentos para defender las residencias musicales es que si la artista, su equipo técnico y sus enormes infraestructuras no viajan incesantemente de ciudad en ciudad, las emisiones logísticas se reducen. La realidad, sin embargo, es que la huella climática de la gira no desaparece, simplemente se externaliza y se multiplica.
Al convertir a la capital española en la única –por ahora– parada europea para presentar Las Mujeres Ya No Lloran, el evento genera un peligroso efecto embudo. El número de seguidores obligados al turismo de conciertos se incrementa, así como el aluvión de vuelos internacionales de fin de semana desde distancias más grandes. También se hacen más largos los trayectos en vehículos privados.
El ahorro en queroseno del avión privado de la artista y sus camiones queda totalmente sepultado bajo las miles de toneladas de dióxido de carbono que emiten los aviones del público europeo. Se trata de un modelo que privatiza el beneficio logístico de la promotora mientras socializa y dispara el coste climático global.
En los últimos años, se han publicado varios análisis que demuestran que el viaje de los asistentes representa la mayor parte de la huella de carbono de la música en vivo. Un estudio del MIT (financiado por Coldplay, Live Nation y Warner Music Group) con datos de 2023 y centrado en Reino Unido concluía que los viajes de las personas asistentes causaron el 77% de las emisiones totales del evento.

Asimismo, la ONG REVERB señala en su estudio Concert Travel Study que los desplazamientos de los fans generan 38 veces más emisiones que los vuelos de los artistas, su equipo técnico, las estancias de hotel y el transporte de los escenarios combinados.
Un estadio temporal en el recinto Iberdrola Music
La ubicación elegida para construir el bautizado como ‘Estadio Shakira‘ es el recinto Iberdrola Music, en el distrito madrileño de Villaverde, lugar donde se celebra cada año el festival Mad Cool, señalado en anteriores ocasiones por sus problemas de movilidad y accesos.
Para acoger la residencia, se levantará (desde cero) un 'estadio' temporal y un complejo anexo denominado Parque Macondo (en referencia al pueblo ficticio creado por el escritor colombiano Gabriel García Márquez en su novela Cien años de soledad), con doce horas de actividad ininterrumpida.
A lo largo de las 21 hectáreas del recinto, «senderos curvilíneos revestidos de tejidos reciclados guían a los visitantes a través de espacios públicos en capas que incluyen mercados artesanales, experiencias culinarias, zonas infantiles y mucho más», explican desde el estudio danés BIG-Bjarke Ingels Group, encargado del diseño del estadio.
A priori, desde el punto de vista medioambiental, no resulta especialmente sostenible crear un pseudoestadio para 50.000 personas (20.000 en el foso y 30.000 en las gradas) y acondicionar un terreno de manera temporal, sobre todo, cuando ya existen infraestructuras permanentes de gran capacidad en la misma ciudad. A esto, se suma los planes de importar vegetación desde América Latina (y tejidos 'reciclados' de quién sabe dónde).
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